Tenemos la solución a nuestros pies

El ajardinamiento de cubiertas verdes, los jardines verticales, la plantación de arbolado en aceras, la vegetación de medias en avenidas y travesías, constituyen una lucha por ganar espacios verdes en zonas inhóspitas en que son necesarias este tipo actuaciones para modificar el paisaje crudo y frío del hormigón.

El beneficio de las plantas y zonas verdes repercute directamente en el bienestar y la salud de las personas. ¿Quién no ha experimentado relajación y disminución del estrés durante la contemplación de la naturaleza? La observación tranquila y consciente, nos carga de pilas y de optimismo.

Ambientalmente, estos espacios verdes nos ayudan a disminuir el efecto isla de calor, producido en las grandes ciudades. Nos oxigenan y absorben el CO2, el gran monstruo de nuestro tiempo: el efecto invernadero. Un suelo fértil tiene la capacidad de absorber y es un mecanismo para restablecer el equilibrio entre el carbono atmosférico y el retenido en el suelo. La solución la tenemos en nuestros pies.

A través de la vegetación con árboles, plantas arbustivas y plantas de cobertera sentamos estos espacios verdes, pero hay lo tanto importante como la propia planta, la tierra, el sustrato que lo soporta, aunque nos queda oculto, desapercibido. Necesariamente debe existir una especialización en las tierras para alcanzar estos objetivos.