La naturaleza es sabia, la nature est sage, nature is wise… Este dicho, presente en muchas culturas y muchos idiomas, más que nunca está cobrando sentido en el mundo entero, a lo largo de estas semanas de “pausa humana”.

La naturaleza vuelve a tomar posesión de lo que el hombre le ha quitado. Y los jardines vuelven a cobrar vida porque, además de tener más tiempo (a la fuerza), estamos valorando mucho más el poder de la naturaleza y nos hace felices “adiestrarla” para crear jardines a nuestra imagen. Aunque sea con el objetivo de tener un espacio exterior bonito y agradable para endulzar estos momentos duros de confinamiento.

Existen muchos estudios que demuestran los beneficios que aporta la práctica de la jardinería, tanto a nivel emocional (genera endocrinas que dan sensación de placer), como psicológico (es un buen remedio contra la depresión) y físico.

Pero, más allá de la satisfacción de realizar acciones para mejorar nuestro entorno más próximo, destaca la magia de los elementos que componen un jardín. Evidentemente, las plantas son básicas para un jardín perfecto, pero no son, ni mucho menos, las únicas que se deban utilizar para obtener un equilibrio semejante al que se puede encontrar en la naturaleza. Las piedras (y áridos) y la madera son otros elementos naturales con mucha fuerza emocional y que, estéticamente, completan idóneamente a las plantas en un jardín, un balcón o una terraza.

Las piedras, ancestrales, elegantes y misteriosas, aportan calma y llaman a la meditación y la introspección. La madera, noble, viva, y versátil, invita al bienestar y proporciona equilibrio.

Ambos elementos tienen el poder de tranquilizarnos y hacer que nos sintamos mejor. Son lo que llamamos en marketing “valores refugio” porque, al ser intemporales, nos recuerdan tiempos mejores, cuando todo iba mejor. Cuando no sentíamos esta amenaza permanente encima de nuestros hombros.

En estos tiempos tan difíciles, cobra importancia la presencia de estos materiales en nuestro alrededor. Nos ayudan a resistir y nos aportan inspiración para aprender a respetar la naturaleza y los elementos que la componen. La naturaleza es sabia y agradecida. Si sabemos escucharla y utilizarla con respeto para nuestro propio bienestar, ella nos devolverá mucho más de lo que le damos.